¡Auxilio! Mis hijos se volvieron adultos

Tener hijos es una gran responsabilidad. Comienzas con tanto miedo de regarla. Los ves tan vulnerables que quisieras protegerlos siempre. Comienzas a adaptarte, cuando extrañas en silencio la  libertad de cuando eras soltero o soltera. Hasta te sientes culpable por ello.

Con el tiempo y solo con el tiempo disfrutas de verlos crecer. De ser testigo de su evolución y te imaginas absurdamente que algo tienes que ver con el desarrollo de tu preciosa semilla. Y digo absurdamente porque es solo nuestro ego el que nos predispone a sentir un falso orgullo al ver en nuestros hijos grandes obras maestras.

Mis hijos se volvieron adultos sin darme cuenta.

Una mañana cualquiera desperté y nadie esperaba que sirviera el desayuno o que dispusiera a que lugar saldríamos como sorpresa el fin de semana tan añorado.

¿Por qué no me informaron que todo esto pasaría?

Que sus prioridades cambiarían. Sus necesidades ya no serian las que yo presuntamente conocía. Que en pocas y simples palabras “Ya no era necesaria mi presencia cercana en su historia personal” Por lo menos, no como antes.

Mentira y mil veces mentira. No me sentí orgullosa de haber creado seres humanos independientes. Estaba furiosa por ya no ser protagonista de esta historia. No de mi historia. Si no de la historia de esos tres hermosos seres llamados mis  hijos.

Es como si de pronto hubiera sido excluida del papel principal de la novela llamada familia.

Excluida y sin el aplauso y reconocimiento oficial donde quedará certificado que fui genial, grandiosa, espectacular. Bueno, me hubiera conformado con una mención al final del reparto de esta película.

Sé que estoy sonando bastante dramática. Y esa es descaradamente mi intención. Después de todo escribir es una especie de exorcismo de tus demonios internos. Control, vanidad, poder, protagonismo, deseo, y otros más.

No es que me este quejando. ¡Ni madres! Si me estoy quejando.

¿Cómo sobrevivir a la evolución involuntaria de nuestros hijos? y esto nos pasa tanto  a las madre como al  padre por igual. Y el que este libre de este dolor que tire la primera piedra.

Ya esta, lo dije. Y mi pecho se siente más ligero. La verdad  es que me alegra mucho ver a mis hijos como seres libres volar sin apegos ni culpas. Esa era la intención.

Ahora como padres de hijos adultos los que nos queda es saber estar sin estar. Convivir sin invadir, amar sin apegarnos, observar sin opinar. Como dice mi madre con la sabiduría de los años.

¡Sorda, ciega y muda!

Eso no quiere decir que no tienes derecho a opinar o a participar en la trama de su vida. Lo que es cierto es que como padres de hijos adultos es fundamental tener muy claro nuestros límites y sus límites.

Si queremos tener o formar vínculos sanos  y permanentes es indispensable revisar nuestra posición en esta historia. Si pretendemos que este amor no salga dañado tendremos que aprender a ser y comportarnos como padres de adultos.

Pero ya que estamos entrando en materia me hago y te hago la siguiente pregunta.

¿Qué cambia en nuestro rol de padres cuando estos se vuelven adultos?

Surgen las siguientes preguntas:

¿Debemos dejarlos libres?

Si. Pero permanecer siempre conectados.

¿Debemos dar consejos?

Si. Pero solo cuando ellos no lo piden.

La base es una comunicación sana:

¿Cómo es una comunicación sana con nuestros hijos adultos?

Es abierta y honesta. Habrá cosas que ellos nos expresen y nos resulten incómodas. Si los juzgamos, cerramos la puerta de la tan preciada comunicación.

Ahora las decisiones las toman ellos. Y nosotros somos fieles espectadores. imagina que ves una película y el o la  protagonista esta por cometer un error. Por más que quieras advertir. El actor hará lo que viene en el guion . No depende de ti. Y  el enojarte porque resolvieron la escena de forma  diferente a lo que tú hubieras deseado. Eso no importa y  es muy  independiente.

¿Te guste o no?

La verdad  es que no importa.

¿Cuál es la clave entonces?

Dejar de hacer. Deja que nuestra madre naturaleza que es más sabia que tú y yo juntos tome su rumbo.

¿Es difícil?

Si. Pero a tal grado te lo digo. Que aun cuando  veas que tu hijo esta a punto de vivir una derrota. Por favor, no opines a menos que te lo pidan.

La dirección es evolucionar en nuestra forma de relacionarnos. No nos quedemos estancados. Quiero ser muy clara en lo siguiente: Sigue compartiendo con ellos, escucha y pregunta sin invadir.  No dejes de interesarte en su vida y muéstrale también lo interesante de tu vida (Más te vale que así sea).

Si tus hijos adultos viven en tu casa. deberían compartir obligaciones pero ello no los exime de respetar tus reglas. Es tu espacio. Es diferente si ellos viven fuera. Ahí no puedes tratar de imponer reglas. Pues es su espacio.

Pero que pasa si mi hijo es un adulto pero el problema es que este no es independiente. Ese es otro tema. Y te prometo abordarlo en otro blog. Porque el que un hijo de veinte, treinta o cuarenta años y todavía tienes que apoyarlo. Ese es un problema serio y hay como tal que trabajarlo a fondo. Lo que si puedo adelantarte es que por favor no hagas lo que tu hijo debe hacer por si solo.

En esta ocasión estamos hablando de la relación de padres e hijos adultos independientes. Esta transición esta llena de sentimientos encontrados: libertad, tristeza, dolor, abandono, soledad, estrés, orgullo etc.

En esta etapa los conflictos florecen como consecuencia de las expectativas de ambas partes.

Sé que es un proceso y que todo pasa y esto también pasará.

Te cuento una anécdota personal. Una mañana mientras desayunaba con mi madre, en una de esas citas semanales en que compartimos como amigas. Le comente la experiencia de ser madre de tres jóvenes y en mi rol dramático (Que también lo tengo) Le comente ¿Cuándo termina esto de estar atenta a los hijos mamá? Amorosamente mi madre me contesto:

-No lo sé hija, Yo aún estoy aquí contigo.

Como comprenderás me dejó en silencio. Y el resto de la mañana en lugar de quejarme. Me sentí agradecida de la mamá que tengo. La que por cierto todavía y para mi fortuna me escucha sin juzgar.

Ser padres es un proceso que termina hasta la muerte. Nunca dejamos de aprender de nuestros hijos y ellos de nuestro ejemplo de vida. Siendo honestos es difícil dejar de cuidarlos, desear protegerlos y algunas veces aquí entre nos, controlarlos.

Algo importante sería reconocer. Y esto resulta doloroso. Que no somos ni seremos unos padres perfectos. Que no los hay ni los habrá (Que alivió) y que tampoco existen hijos perfectos (Que liberador). Es indispensable que aprendamos y comprendamos esto.

Tendremos que darnos cuenta. De que por mucho que amemos a nuestros hijos no podemos rescatarlos de nada. Tendremos que admitir que tal vez no nos necesiten ahora que somos adultos y que en instantes les resultemos hasta incómodos. Si. Así es. Ese pequeño, pequeña que brincaba de gusto cuando estabas cerca de él de ella. Ese hijo que rogaba por pasar tiempo contigo, si hiciste bien tu tarea probablemente no te invite a su fiesta de cumpleaños.

Nuestro hijo adulto es ahora el único responsable de su vida y de sus decisiones. Tendrás que conectarte desde otra perspectiva. Construir una nueva y madura relación de adulto a adulto. Sin dejar de ser padres.

Ahora te invito a realizar un pequeño ejercicio:

Te invito a que busques un tiempo para ti solo. Te sientes cómodo. Cierres tus ojos. Y con el poder de tu mente imagines frente a ti a tus hijos. Repite su nombre de cada uno en voz alta.

Siéntelos y cuando sea el momento di lo siguiente:

Amados hijos:

“Lamento no haber sido para ti la madre (padre) que tu querías, hice lo mejor que pude. Eres adulto y por tanto eres responsable de tu propia vida”

Ahora abre tus ojos y reflexiona al respecto.

Para concluir:

Algo que siento que es importante recalcar es lo siguiente. Recuerda que tienen derechos y obligaciones también como hijos adultos. En ambas direcciones. Comprende que no siempre contarás con ellos debido a sus ocupaciones. Pero también es cierto que nosotros tenemos derecho a decir NO cuando se requiera sin sentirnos culpables.

Evita lo más que puedas tratar de utilizar juegos de manipulación. Suelen ser incómodos y fácilmente percibible. Recuerda que si tú no juegas no hay juego. Así que no permitas el chantaje en tu convivencia con tus hijos adultos. De ninguna de las dos partes.

El respeto debe ser todo el tiempo bilateral. Ni tú puedes faltarle el respeto ni ellos a ti.

Los viejos marcadores sociales con los que fuimos educados ya no son funcionales con nuestros hijos. Tendremos que aprender nuevos modelos.

El tener una buena relación con tus padres, aunque tú no lo creas será un factor determinante para que la relación con tus hijos sea muy buena. Este es un buen pretexto para sanar tu relación con ellos si aun cuentas con ellos. Si no. Libera emociones negativas que solo te enferman. Ya lo pasado, pasado, como dice la canción.

Espero que este material te sea de utilidad. En camino se aprende y cada día es una nueva oportunidad de corregir errores o agravarlos. Eso siempre dependerá de tu actitud frente a los cambios.

Me queda mucho por aprender, pero compartir contigo es una excelente catarsis. Que tengas un dulce proceso y si no es así. Adelante que la vida tiene muchas lecciones por aprender todavía.

Tu amiga

Blanca Mercado

Te dejo un video que puede ser interesante para ti… Se parte de mi canal de YouTube donde encontrarás material sobre Vida, Salud y Negocios.

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