La Constancia en tu vida

¿Lo que me ha llevado al éxito en mi vida? – dijo tranquilamente, para después hacer un largo y sostenido silencio. Tal vez con la única intención de causar expectación que se traducía en ansiedad en mis circunstancias. Hacía tiempo que no daba una en la vida. Me sentía en la lona y sin fuerza para poder  levantarme. Y ahí estaba frente a ese hombre poderoso y líder en el negocio de las letras. Capaz de regalarme como quien lanza una migaja de pan a un limosnero un trozo de esperanza para ser saboreada en medio de mi caos.

-CONSTANCIA…(Pareció deletrearme la palabra lentamente. No estoy seguro de que así haya sido. O solo fue resultado de mi desesperada necesidad de saber que había un camino por conocer. Muy distinto hasta el ahora recorrido.)

-¿Qué es exactamente lo que quiere Usted decir? – No quiero decir que no conozco el significado de la palabra. Sólo que no comprendo cómo se puede ver traducido a la vida diaria.

Hasta ahora no me he presentado contigo. Mi nombre es Peter Arreola, Un hombre de treinta años que se encuentra encerrado en el calabazo de la depresión. Mi sueño es -Hasta me da pena decirlo- Pero que me  importa que se rían todos- Mi sueño es ser un maldito escritor.

Por fortuna o casualidad me encuentro en la presentación de la última novela de un reconocido escritor, Raúl Pereira y el muy desgraciado ha publicado seis best seller en solo cinco años. Si el patán se había convertido a la dianetica o tenía pacto con el mismísimo diablo. Yo estaba dispuesto también a hacerlo con tal de lograr mi deseo.

-Sólo es cuestión de ser constante. La gente cree que todo ocurre por suerte. Quieren estúpidamente resultados inmediatos. Como los pequeños que desean un dulce o un premio por cada cosa que hacen. Así los entrenan muchos padres.

-Yo no tengo hijos- Respondí tratando de ser explícito sin serlo que yo no sabía nada de crianza.

El hombre siguió hablando como si no me hubiera escuchado.

Si deseas algo debes dejar de desearlo.

¿Cómo? Cómo se atreve a decirme que deje de desear lo que por años ha sido el centro de mi vida. Cómo voy a poder ser constante en algo que no deseo. – Posiblemente se estaba burlando de mi necesidad. (Fue un error estar frente a un monstruo egoísta lleno de vanidad)

Me retire del lugar. Salí a la calle y mientras regresaba a casa caminando, porque no traía siquiera para el pasaje de un bus. Pues de manera infantil había gastado mis últimos ahorros en una corbata y en comprar la nueva novela “Esencia” de mi autor favorito. Estaba tan emocionado de haber logrado llegar hasta él, después de mas de cuatro horas parado haciendo fila. No sé si era la lluvia de la noche o por alguna razón estaba llorando como un niño. Había soñado con ser escritor toda mi vida. Desde pequeño. Todos se burlaban de mi sueño y me decían “Es imposible. morirás de hambre.”

Había tratado de escribir más de mil cuentos y nunca los terminaba. No me parecían lo suficiente. Termine la carrera de medicina como mis padres tanto querían. Pero eso no era lo mío. Y jamás regresé por mi titulo. Me fui de la casa de mis padres. Me refugie en un pueblo pequeño y me encerré a escribir. Novelas sobre asesinos. De algo tenía que servirme lo que estudie de anatomía.

Después de horas de camino. Me percate de mi mayor estupidez del día. Olvide mi mochila en la fila de autógrafos.  es ahí donde estaban las llaves y otras cosas. Por suerte no lleve mi ordenador. Tuve que saltarme como pude por una ventana y entré a la casa a tirarme a dormir en un viejo y destrozado sillón que ocupaba mi vacía sala.

“Constancia”

Me pregunté si algún día  esa palabra me diría algo. Yo esperaba, no un instructivo. Esperaba una serie de pasos breves, no más de un minuto que me orientarán en  cómo lograr lo que otros ya lograron. En mi caso ser un escritor y vivir de ello. No importa que todos juraran que eso era imposible.

A la mañana siguiente después de calentar un poco de agua a imagen de la ausencia del café en mi  vacía despensa, me puse a buscar la definición de constancia en el Internet que Don Beto amablemente y sin saberlo se dejaba robar. La clave muy sencilla. Era el  nombre de su amante. Al que cínicamente recordaba cada vez que se metía a su cuenta en busca de pornografía.En el pueblo todos lo sabían. Menos la esposa, seguramente es muy trillado. Pero es la verdad.

Constancia, constancia, constancia.

Encontré varias definiciones.

Del latín constantia, la constancia es la firmeza y perseverancia en las resoluciones. Se trata de una actitud o de una predisposición de la persona  respecto a un propósito determinado. Citaba algunos torpes ejemplos:

“Si quieres jugar en la primera división, tienes que ser constante en los entrenamientos”

“Creo que podría haber desarrollado una carrera profesional en televisión, pero no tuve constancia”

“No soy talentoso, aunque tengo constancia”.

Igual todas esas madres no me servían de nada.

¿Cómo me volvería constante? ¿Cómo, si no le encuentro sentido? ¿En qué puede cambiar mi vida la constancia?

Descubrí como un valdazo de agua fría sobre  mi cabeza que no era ni había sido jamás constante. Me sentía muy orgulloso de comenzar y comenzar nuevas cosas. Sin terminarlas porque no me apetecía. Me justificaba diciendo. Me resulta aburrido.

Estudie la carrera de medicina porque mis padres era lo que esperaban de mi. Pero desde niño yo deseaba ser escritor, Todos se burlaban de mí diciendo que moriría de hambre. Así que una vez que termine la carrera, ni siquiera recogí el titulo. Dejé la casa de mis padres y me vine a vivir a este pueblo alejado del ruido. Para volverme escritor. Había comenzado más de cien novelas sin exagerar. Pero ninguna la concluía jamás.

Trabajaba varias horas al día en una cafetería preparando hamburguesas. Nadie aquí sabia que había estudiado y no me importaba. Salía de trabajar y regresaba a mi casa. Donde una mesa y un viejo sofá cama me esperaban. Casi no tenía tiempo para leer ni escribir y eso me enojaba. Me estaba volviendo un amargado.

Cuando supe que una figura como el autor que más admiraba llegaría a la única librería del pueblo. No dude en gastar todos mis ahorros en comprar su obra y esperar horas por su autógrafo. Para terminar desconcertado  en medio de la nada y descubriéndome inconstante.

Calenté un poco de agua y comencé a escribir. Cuando me di cuenta que necesitaba mi libreta donde anotaba las características de mis personajes. Por alguna razón desconocida, me funcionaba hacerlo en una libreta y no en el ordenador. Tenía que volver a  la librería. Así que salí por la ventana de la casa esperando encontrar mi mugrosa y vieja mochila. Y así fue.

Al entrar a la librería la mujer que el día anterior me había vendido el libro, me la regreso. Entrando a casa como persona de bien. Comencé a escribir sin detenerme. Solo me paraba para orinar y cagar al mismo tiempo, para agilizar el penoso proceso. No tenía hambre. Quería terminar la obra. Quería ser constante por primera vez en algo. Aun cuando tal vez estaba yendome al otro extremo.

Concluí la obra. Y la lleve al correo, iba  directo a la editorial.

¿Faltaba esperar? claro que no.

Renuncie a mi trabajo a la mañana siguiente y me concentre en lo que mas me gustaba. Escribir y leer.

Para sobrevivir visitaba de vez en vez a mis amigos. Justo a la hora de la comida.

Para mi era suficiente una vez al día. Otras veces aprendí a aprovechar los frascos de café que Don Beto tiraba con sobras del precioso producto, adherido a la base del frasco. Este se convertía en un  delicioso café sin azúcar que acompañaba mis tardes de inspiración.

Tres meses después un hombre pequeño de gafas grandes toco a mi puerta. Su ropa y corbata eran muy finos. Pregunto por mi nombre y lo hice pasar. Lo invite a sentarse en mi sillón cama. Lo miro con repulsión y cerrando los ojos y apretando su nariz  al mismo tiempo, logro sentarse.

-Usted mando su novela de suspenso a nuestra editorial. ¿Por qué no dejó su teléfono?

-No tengo teléfono.

-Hemos decidido publicarla. Le he traído el contrato y su anticipo, por supuesto.

Mientras firmaba. El hombre cambio el tono de su voz para decirme. Disculpe. La obra es genial. ¿Sabe? Yo siempre he deseado ser escritor. Trabajo como editor. Me va muy bien, desde luego. Pero lo que deseo es escribir. ¿Puedo pedirle un consejo? Para mi seria muy importante.

-Constancia

-¿Constancia?. Una sola palabra. Para poder lograr lo que tanto deseo.

-Algo más

– ¿Qué?

-No desear. Hacer por hacer. Constantemente.

-No lo comprendo.

A la constancia no hay que entenderla hay que vivirla. Al no desear nada te liberas. Hacer por hacer constantemente es una gran lección Tan simple y tan compleja como queramos verlo.

Ahora me dedico a escribir de tiempo completo. Sigo viviendo en la cabaña donde empece esta aventura. Me comunico con mis padres todas las semanas. Y cuando visito a mis amigos  llevó comida o un buen vino para compartir con ellos. Tengo entendido que mi padre colecciona mis libros. Pero ese es un secreto entre mi madre y yo. Él sigue fingiendo estar decepcionado de mí.

¿Yo? Yo  no espero nada. Ni reconocimiento, ni deseo nada en específico. La lección  ha sido aprendida.

¡Solo por hoy! Mañana.

Mañana será otro día.

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