¿Tienes un adolescente en casa?

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Cuando escribí este libro estaba realmente sorprendida de los resultados de una investigación sobre los adolescentes durante más de tres años.

Descubrir la manera de acercarte a ellos. Conocerlos y lo mejor de todo  crear un puente de comunicación con ellos.

Como poner límites, cómo motivarlos, cómo amarlos y formar verdaderos líderes son solo algunos de los temas tratados en este libro. A través de una serie de actividades muy divertidas encontrarás respuestas a los problemas más comunes con los jóvenes.

Todo comienza en una escuela denominada “alternativa” donde los límites, aparentemente, no se encontraban muy claros. Me parecía una mezcla entre la educación tradicional y la pedagogía más actualizada. Todo ello en busca de mejores resultados en la tarea de formación de los jóvenes.

Después de 15 años de experiencia frente a grupo, sintiéndome segura de que estaba preparada para trabajar y convivir con los jóvenes, consideré un cambio de trabajo a esta escuela.

El panorama era muy atractivo. En la primera reunión el director nos invitaba a formar jóvenes exitosos y felices. Imagine que encontraría adolescentes exigentes en la búsqueda del conocimiento, entre muchas otras características. Como siempre me había distinguido por ser una maestra que involucraba a los alumnos con su clase de inmediato (lo cual me generaba orgullo y satisfacción) inicié mi labor con entusiasmo. Fue entonces cuando recibí una lección muy importante.

 

La sorpresa fue grande, la institución rompía todos mis esquemas mentales. Estudiantes de secundaria y preparatoria que vivían con sus propias reglas. Mismas que variaban de vez en vez, acorde con sus intereses.

Los primeros días fueron difíciles y lo tomé como un reto personal. Parecía una lucha de poder entre el adolescente y el adulto. El apoyo por la coordinación era excelente, pero en este caso, no lo era todo. Utilice las mejores herramientas que tenía en mis manos. Los trucos más sobresalientes y brillantes, que habían generado excelentes resultados con mis ex alumnos.

Y nada, nada daba resultados. Desesperada pero no vencida, busque la forma de acercarme a ellos. Estudiaba su comportamiento durante los recesos.

¿Qué es lo que nos pedían, con sus gritos, protestas, con esa actitud de rebeldía manifiesta? ¿Era flojera, apatía al trabajo… o algo más?

Algunos maestros de nuevo ingreso decían que la escuela era un infierno, entraban y salían del salón desesperados, desanimados. Hablaban de que en esta escuela no había reglas. No se permitían las tareas, evaluaciones numéricas, ni castigos. Tenías que convencerlos del trabajo. Todo ello lo teníamos ganado en una escuela tradicional. Dónde el alumno se encuentra convencido de que tiene que estudiar y trabajar independientemente de lo atractiva que resulte tu clase.

Algunos maestros comentaban: “¡No puedo creerlo! Me han dicho que no les gusta mi clase, me han reclamado que el material que utilizo no es atractivo. ¿Qué saben ellos de pedagogía?” Otros maestros guardaban silencio, al parecer habían negociado su estancia con los alumnos, siendo permisivos y tolerantes. Yo no estaba dispuesta a trabajar así. Yo quería entenderlos. Ahora, por primera vez, estaba frente a los adolescentes sin esa coraza protectora con la que había estado durante esos quince años. El liderazgo, el rango, el nivel de maestro sobre el alumno, mi banca, la tarima, el escritorio. Todo se había derrumbado. Estaba frente a frente. Alumno contra maestro. Por lo menos así lo estaba sintiendo. Pero yo deseaba algo más, que una batalla ganada.

Hablé con ellos. Me acerque y descubrí el secreto. Y hoy; quiero compartirlo contigo.

 

Después de estudiar las características de una escuela alternativa, su ideario educativo que nacía con el objetivo de trabajar por una renovación pedagógica, y partía de la crítica para y por la libertad de pensamiento; este tipo de escuelas se convertía para mi, en un atractivo espacio desde el actuar, pero siempre a partir de un proceso transformador amplio y profundo.

Su enseñanza era en el sacrificio progresivo de la autoridad en beneficio de la libertad. Hablamos de una educación por motivación y no por disciplina. Donde se requería y se permitía, implementar métodos y proyectos que convencieran al adolescente de las ventajas de su aprendizaje.

 

EL COMIENZO

 

Era el grupo de tercero de secundaria, tenía una semana de haber iniciado el curso de español. Después de establecer reglas claras, y suponiendo que el grupo se encontraba involucrado, decidí dejar una actividad de investigación que implicara que el alumno plasmará sus ideas creativamente.

Ni uno solo de los alumnos entrego la actividad. Como era lógico, no sólo no me sorprendió, sino que me molesto bastante.

Supuse que era apatía al trabajo por parte de estos jóvenes y, después de un largo discurso, opté por… ¡Escucharlos!

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Uno de los jóvenes comenzó a hablar. Parecía sorprendido por mi enojo y expreso con claridad: ¡Que ellos no acostumbraban a cumplir con instrucciones! Pues muchos de sus maestros solo pedían trabajos que jamás revisaban, y otros tantos desistían de seguir pidiéndolos después de los primeros fracasos. Sin embargo, insistía, que no entendía por que me interesaba tanto que cumplieran.

Otro de ellos me preguntó la razón por la que había aceptado el trabajo, y me cuestionó si era por el sueldo que pagaban (el cual era muy bueno).

Una alumna manifestó, si realmente eran ellos lo que me importaban. Y que, como otros maestros, diría que “lo hacía por que los quería, y buscaba sólo su bienestar”.

Fui clara y honesta y les manifesté que no disminuiría el ritmo de trabajo. Que cada acto tiene sus consecuencia, y que aún cuando no podía decir que los quería ellos en específico, si podía afirmar que amaba mi labor como docente y no desistiría, y si ellos pedían mi cambio lo entendería, pero yo solo haría lo que creía que era correcto.

Esa noche no pude dormir. Pensando en mi grupo, preparé mi clase con algunos matices de ubicación de su nivel académico.

Descubrí, que habían ocultado muy bien sus tremendas dificultades para leer, comprender y redactar un texto, así como su frustración que reflejaban con molestia ante el guía que los exponía frente a su dificultad. Pero también me percate de su apertura, lo que me motivó a hablar con la coordinadora, explicándole la situación en que me encontraba.

Ningún alumno se había ido a quejar con ella. Le hable de mi propósito y de mi proyecto y me apoyo totalmente, con la condición de entrar a observar mi clase en cualquier momento, lo cual, en esta situación específica, no me preocupaba en lo absoluto.

 

Ese día, frente aquel grupo, después de más de quince años de experiencia docente, comencé a ser maestra de adolescentes.

 

Decidí cambiar de estrategia. Recibí trabajos de redacción sin importar la ortografía. Con ello me percate de una forma natural que realmente era severo su problema. Partí de lo que tenía, y comencé a descubrir sus dificultades y a ofrecerles oportunidades de reconocimiento.

Los primeros trabajos de redacción tenían errores garrafales, pero con una gran calidad emotiva. Les hacia ver todo lo bueno de sus actividades, y no sólo subrayaba los errores.

En la segunda etapa, cuando el grupo disfrutaba de la escritura, comencé a señalar con un pequeño punto los errores, y ellos mismos, debían de buscar la corrección.

En una última etapa, el alumno escribía y realizaba sus propias correcciones. Y disfrutaba de los resultados.

Esta breve experiencia me permitió descubrir el primer elemento indispensable para el trabajo con adolescentes: “La empatía”.

 

 

En la relación con los jóvenes es indispensable considerar lo que a ellos les resulta importante y significativo.

Descubre… ¿Qué es lo que esta buscando ese adolescente, que tanto te provoca?

PRIMER PASO

LA EMPATÍA

Los jóvenes tratados como imposibles de educar, casi siempre llegan a ser imposibles de educar

Kenneth B. Clarck

Hasta la próxima

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La herencia emocional de una familia con violencia

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¡No le pegues tan fuerte papi a mi mami por que le duele! ¡Pégale quedito, por favor! Eran los gritos de Luis de apenas 5 años mientras veía a su padre golpear ferozmente a la madre tirada en el suelo en un charco de sangre.

¡Yo no haré jamás lo mismo que mis padres! dijo Luis a los 14 años

¡Por fin me casé! salí de ese infierno. Dijo Luis a sus 20 años el día de su boda

¡Yo no quería matarla, se lo juro! finalmente exclamo Luis a los 30 años frente a la policía que tomaba declaraciones cuando recogía el cadáver de la esposa de Luis. Muerta por los golpes que le había dado la noche anterior el propio Luis en un ataque de ira ciega!

El circulo de la violencia

Comienza con un licuado de emociones como miedo, dolor, impotencia, enojo.  Lo cual aparentemente justifica la perdida del control, violencia mental, física y verbal.

Una vez pasada la crisis viene el remordimiento y de nuevo aumenta la tensión con culpas, sumisión, enojo, irritabilidad y explosión.

¿Cómo es una casa con abuso?

Gritos, ofensas, maldiciones, amenazas. Es una casa del horror. La convivencia es un infierno. Se vive el abuso nuestro de cada día y nadie dice nada.

La violencia deja huellas en la vida de la familia¿Es tu casa un lugar de abuso?

  • Hay control
  • acusaciones
  • aislamiento
  • limitaciones
  • pides que cambien
  • golpes
  • cesiones por miedo
  • estados constantes de violencia y sumisión
  • cambios de humor repentinos
  • sientes miedo
  • sensación de peligro
  • ausencia de cariño
  • caricias ausentes

 La violencia se aprende

la niñez y la adolescencia son campos fértiles para el aprendizaje. a ser violento se aprende. Desde la familia se transmiten los valores y la forma de comportarnos.

Imagina la escena dos adultos peleando. Haciéndose daño. ¿Qué tan seguro puede sentirse un niño?

¿Cómo se sienten los niños de una familia violenta?

Tristes, asustados, enojados, apenados.

Lee con atención el siguiente caso:

De toda mi vida mi padre ha sido muy violento. Sobre todo con mi mamá. Cuando éramos niños él la golpeaba. Ahora ya de mayores la sigue ofendiendo. Ayer nos dijo gritando que él tenía una amante  y que odiaba a mi madre.

Seguimos ahí porque no tenemos a dónde ir. Mi madre dice que ella no quiere ser una divorciada y darnos un mal ejemplo.

Después de esa escena como siempre pide perdón  y dice que irá al psicólogo porque esta mal lo que hace. Pero jamás lo cumple. Por favor ¿Qué podemos hacer? Mis hermanos y yo queremos hacer algo. Pero no tenemos respuesta.

Por favor:

  • Revisa si en tu hogar hay violencia.
  • Enseña con el ejemplo.
  • No permitas la violencia en tu hogar.
  • Enseña con el ejemplo a dar amor
  • Canaliza la energía al deporte
  • Cuiden lo que ven y escuchan

La familia puede dar bienestar o sensación de riesgo. La familia es un espacio de interacción afectiva y su objetivo es la intimidad, el cariño, cuidado mutuo y sentido de pertenencia.

 Evaluación

En tu familia ¿Hablas de amor? ¿Comprenden sus necesidades? ¿Son portadores de una cultura de vida o de muerte? ¿Ocultan la violencia? ¿Hay amor entre la pareja?

Sentir que los padres se entienden es un regalo para los hijos. Aprendemos a vivir el amor siendo amados por nuestra familia. ¿Qué significa ver amarse a los padres? Los hijos necesitan saber que sus padres se aman y se respetan.

Expresa el cariño

Expresa a través de gestos del cuerpo, regalando flores, palabras tiernas, miradas de afecto. El amor manifestado es un don. El niño es imitador espontaneo.

¡VIVE EL RESPETO AL OTRO EN FAMILIA!

Tarea

identifica las emociones de tu familia.

expresa tus sentimientos

Da y recibe muchos cumplidos

En el blog de Blanca Mercado – Violencia ¿Hasta dónde aguantar?

Lo que enseñamos a los hijos

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Un granjero se puso tan viejo que no ya podría trabajar los campos. Así que pasaría el día sentado en el pórtico. Su hijo, aún trabajando la granja, levantaba la vista de vez en cuando y veía a su padre sentado allí. “Ya no es útil”, pensaba el hijo para sí, “¡no hace nada!”. Un día el hijo se frustró tanto por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico, y le dijo a su padre que se metiera dentro.

Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró el ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd. Lo abrió. Aún tendido allí, pacíficamente el padre mirada hacia arriba a su hijo. “Sé que usted va a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo haga, ¿puedo sugerir algo?”, “¿Qué?” contestó el hijo, “Arrójeme desde el acantilado, si usted quiere”, dijo a padre, “pero guarde este buen ataúd de madera. Sus niños pudieran necesitar usarlo”.

Los hijos son personas que están aprendiendo los aspectos de nuestra vida. Están rodeados de las grandes cosas que hacemos, tenemos y logramos: la tenacidad, responsabilidad, los pasos para seguir adelante. Pero también están mirando nuestras incongruencias y nuestros actos. Y en esos momentos en que están descubriendo el mundo, es difícil para ellos decidir que ejemplo es el correcto, y cual no. ¿Qué le estás enseñando a tus hijos?

Los valores, la esencia del hombre

Está comprobado que los niños que han recibido una buena educación respecto a valores y virtudes humanas, tienen una capacidad excelente para el autocontrol, comportamiento y cooperación. Los padres cuyos hijos se portan mal, hacen desordenes y se meten en conflictos constantemente, suelen estar más alejados de los hábitos y el ejercicio de estos valores.

Existen 10 valores importantes en el día a día de los hijos:Papa e Hijo

  • Amistad
  • Autodisciplina
  • Compasión
  • Coraje
  • Fe
  • Honestidad
  • Lealtad
  • Perseverancia
  • Responsabilidad
  • Trabajo

¿Qué es lo que heredarán tus hijos?

El momento es ahora. No dejes que el tiempo, la televisión y el mundo eduque a tus hijos. Se responsable del camino que les vayas a enseñar, para cuando llegue el momento, puedan decidir con valor y fortaleza el rumbo a caminar. Uno es el guía de sus hijos, hasta cierta parte. El resto les toca a ellos.

Bríndales las herramientas que los harán seres exitosos y de bien.

No tengo tiempo

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Comparto contigo el siguiente poema:

Hijo

No tengo tiempo. A mí no me interesan tus juegos. Ni tus programas de computación. ¿Cómo puedo hacerte entender que estoy muy ocupada en cosas importantes? Cosas como hacer dinero. Firmar contratos y escuchar a mis clientes.

Caray como pretendes que una persona tan importante como yo te escuche. Sólo dices cosas absurdas. Que si tu amigo no te habla. Que si la maestra es injusta.

No tengo tiempo. ¡Entiéndelo! Encuentro tiempo para cosas valiosas.

¿A quien le importa verte crecer? Nunca he jugado contigo. Y siento que me necesitas. Es que soy tan importante y tengo tantas invitaciones y compromisos sociales.

Dejar todo por sentarme a escucharte.  Es absurdo. ¿Tú lo entiendes verdad?

Recuerdo que un día viniste a mí con el cuaderno para mostrarme tú dibujo.

Yo no lo mire. Pero sentí como saliste de la habitación para no distraerme más desilusionado.

Hijo no me di cuenta de cuando creciste.

Sé que casi no te abrazo. Pero sé qué tú entiendes. Soy una persona importante, tengo que atender mucha gente. Tú qué sabes de negocios.  Y ya sé que te enojas  y te quejas porque siempre te hablo solo para regañarte. Es que yo… siempre quiero silencio. Quiero un poco de tranquilidad. Estoy tan cansada.

No tengo tiempo para perderlo con un mocoso como tú. ¿Qué entiendes de finanzas y negocios y clientes importantes?

¿Sabes hijo? No tengo tiempo. Pero lo peor de todo…

Lo peor de todo es que ahora que estás muerto.

En este instante me queda el dolor de que nunca, nunca tuve tiempo para ti.

Y seguramente Dios por eso no me dio tiempo de abrazarte y darte mi último beso.

Una encuesta realizada nos indica que el 77 % de los padres actuales carece de tiempo para jugar con sus hijos.

El estudio también evidenció problemas de comunicación. La mayoría de estos padres presentan problemas de culpa.

¿Qué podemos hacer con esta realidad?

Se sugiere realizar rituales para mejorar la convivencia. Un escenario libre de regaños. Para el diálogo y la diversión.

¿Qué sugieres tú?

Sanando las heridas del divorcio en los hijos

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¡Quiero el divorcio!

¡Pues Yo también!

¿Dónde firmamos?

¡Por fin libres!

Así comienza. Pero se nos olvida un pequeño detalle. ¿Y los hijos?

Después viene el proceso de duelo de la ex pareja. Cada uno así busca sanar sus heridas ¿Y los hijos?

¡Caray! Ellos ni siquiera tienen opinión en la historia. Pero la catástrofe los cimbra de pies a cabeza. Su relación cambia con los padres. Se sienten divididos. Los padres les dedican menos tiempo y para colmo desahogan sus frustraciones en ellos.

La madre es quien por lo regular se queda con los hijos, lo cual aumenta su responsabilidad económica y moral. Necesitar de trabajar más y algunas veces vera a sus hijos hasta el anochecer.

El divorcio genera, nos guste o no:

  • Mal carácter
  • Estrés
  • Angustia
  • Desesperación

Lo cual provoca que aumenten las enfermedades.

Pero ahí no termina el divorcio. Las consecuencias del divorcio se transmiten a más de una generación.

Definitivamente, el divorcio, en ocasiones, es necesario. Sobre todo cuando hay desamor o violencia.

¿Qué pasa tras ruptura?

El conflicto se queda palpable en nuestros hijos. De forma viva. Nuestros hijos se ven obligados a entrar en un mundo de adultos llenos de nuevas responsabilidades. El vivir en una familia con conflictos genera estrés. El vivir en una familia dividida genera más conflictos.

La mayoría de los hijos tras un divorcio generan la necesidad de proteger a los padres. Y se sienten bastante culpables.

¿Qué hacer si se genera un rompimiento emocional con los hijos por uno de los padres?

Tienes que encontrar la manera de reducir el impacto de tu divorcio en tus hijos. Aprende a evitar herir a tus hijos.

Importante:

1.- Abstenerse de ataques a su ex cónyuge  en frente de los hijos.

2.- Mantén a los hijos fuera del conflicto.

3.- Mantenga las rutinas  lo más familiar posible.

4.- Hable acerca de trauma

5.- Encontrar maneras de manejar el estrés.

 ¿Cómo acercarte a un hijo adolescente enojado tras un divorcio?

1.– Dedique un tiempo diariamente, de día o de noche, para saber sobre las actividades de su hijo.

2.-Asegúrese de que él (o ella) sepa que usted le está oyendo y que está verdaderamente interesado.

3.-Recuerde hablar CON su hijo, no hablarle A su hijo.

4.- No emplee todo su tiempo hablando sobre los problemas que él tiene. Las conversaciones no deben producirse solamente cuando tu hijo tiene problemas.

5.- Conozca a los amigos de su hijo

6.- Hagan algo especial, ustedes dos solos.

7.-Deje que su hijo decida adónde le gustaría ir, sea al cine o a un concierto.

8.- Vayan a tomarse un café (o un té) una vez a la semana – aunque sólo sea por 30 minutos. Esta es una gran oportunidad para saber qué está pasando en la vida de su hijo.

9.- Vayan a caminar por un sendero natural o de excursión; empaquen un almuerzo y usen su sentido de aventura.

10.- Planifique una “noche familiar” al mes, donde disfrutan juegos de mesa, las cartas o simplemente a ver películas juntos.

Cuida tu tiempo de familia. Procura que tu nueva pareja si la tienes entienda que tus hijos necesitan tan bien tiempo. Que tus circunstancias son distintas a una relación en la que no hay hijos de por medio que generen el tus hijos, mis hijos, nuestros hijos.

Les cuento una historia de una escena que presencie hace unos meses durante una sesión.

Paty es una adolescente de tan solo 14 años. Es inquieta, extrovertida, impulsiva al  hablar, demandante de atención y sobre todo muy inteligente. Sus padres han tenido problemas pues ella es muy agresiva con la madre cuando le niega permisos. Al padre lo ignora y al padrastro le grito que él no es nada en su vida.

Paty había estado siendo víctima de acoso por unos compañeros. Sufría de burlas, rechazos y bromas de mal gusto desde hacía varios años.  Sus padres lo ignoraban. ¡“Ya no soporto más, no me importa lo que me hagan, sé que ya no quiero que me molesten, algo tengo que hacer”!- Pero no sé qué. “Mi madre no tiene tiempo para mí. Sólo atiende a su pareja. Mi padrastro solo finge que le caigo bien y mi padre brilla por su ausencia”.

¿Qué le aconsejarías?

Te recomiendo leas el libro “Adolescentes: Transformando tu relación con ellos en 12 pasos” de editorial Pax México.

Y “Me divorcie por unos aguacates”, de Editorial panorama

Ambos de tu servidora Blanca Mercado.

La forma y las circunstancias que enmarcan el divorcio también suele herir a los hijos. En una situación ideal, los padres deberán  reunir a los hijos y explicarles  lo que esta pasando y lo que va a pasar con todos al momento de cambiar la forma en que venían viviendo. Sin embargo, la separación se desarrolla en un ambiente de confusión y caos, haciendo difícil que los padres organicen bien el anuncio inicial a sus hijos y la manera de enfrentarlo, ya que la mayoría de los casos, se busca que solo uno de los dos sea quien anuncie, ya sea porque se le da la responsabilidad por haber “fallado” en el matrimonio, o en otros casos uno de los dos se adelanta a dar el anuncio como una forma de acusar al otro de lo que está pasando.

Es importante señalar que para los adultos no es un tramite sencillo el enfrentar a sus hijos para dar una noticia de tamaño calibre, la mayoría de las ocasiones los adultos estarán vulnerables, avergonzados o bajo el shock emocional de la situación. Puede ser duro para los hijos ver a sus padres en esta situación y desgraciadamente es el momento en que los hijos tienen la necesidad de ser reconfortados, y es precisamente cuando los padres menos pueden apoyar emocional y psicológicamente a sus hijos.